Santo del Día
Cada día, la Iglesia Católica nos invita a recordar a los santos que nos han precedido y que ahora participan de la gloria de Dios. Sus vidas son un testimonio vivo de fe, valentía, caridad y fidelidad a Cristo.
En esta sección presentamos el Santo del Día, ofreciendo una breve reflexión sobre la vida, las virtudes y la misión de un santo celebrado por la Iglesia. Que su ejemplo nos inspire a crecer en santidad, a profundizar nuestro amor a Dios y a seguir a Cristo con mayor fidelidad en nuestra propia vida.
Que los santos intercedan por nosotros y nos guíen en nuestro camino hacia el Cielo.
Hoy la Iglesia celebra la Fiesta de San Bartolomé.
San Bartolomé, identificado por la tradición de la Iglesia con Natanael de Caná, entró en el círculo apostólico por invitación de San Felipe. Inicialmente escéptico ante los humildes orígenes galileos del Mesías —preguntando célebremente: «¿Puede salir algo bueno de Nazaret?»—, su perspectiva cambió instantáneamente al encontrarse con Nuestro Señor Jesucristo. Nuestro Señor lo elogió como «un verdadero israelita, en quien no hay engaño», revelando que había visto a Natanael bajo la sombra de una higuera antes incluso de que Felipe lo llamara. Conmovido por esta manifestación del conocimiento divino, Bartolomé pronunció una de las primeras y más decisivas confesiones de fe registradas en los Evangelios: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel».
Poco se sabe que, después de Pentecostés, San Bartolomé llevó el Evangelio por todo el antiguo Oriente Próximo, recorriendo Mesopotamia, Persia y regiones de la India. Su misión en la India lo llevó por las prósperas rutas comerciales marítimas del mar Arábigo hasta la costa occidental del subcontinente indio, concretamente a la región de la costa de Konkan y a la antigua ciudad portuaria de Kalyan (cerca de la actual Bombay).
El historiador de la Iglesia primitiva Eusebio señala que, cuando el erudito cristiano Panteno visitó la India en el siglo II, encontró allí una comunidad ya establecida que continuaba leyendo una copia hebrea del Evangelio de Mateo que Bartolomé había dejado. Los relatos hagiográficos, recogidos notablemente en la Leyenda Dorada, cuentan cómo curó a la hija enferma del rey Polimio, rechazó por completo los tesoros reales que le fueron ofrecidos en agradecimiento y condujo al rey, junto con miles de sus súbditos, al bautismo.
El celo inquebrantable de San Bartolomé acabó encontrando una feroz resistencia por parte del poder pagano. Por instigación del hostil hermano de Polimio, el rey Astiages, Bartolomé fue arrestado en Albanópolis y condenado a ser desollado vivo antes de ser decapitado. Su martirio consolidó su legado como modelo de extraordinaria fortaleza cristiana. En el arte sacro, se le representa de manera característica sosteniendo su propia piel desollada junto a un cuchillo de curtidor. Hoy es venerado en todo el mundo como patrono de los curtidores, encuadernadores y trabajadores del cuero.